Una clase especial

Hoy he participado en una clase muy especial. Se trataba de uno de nuestros seminarios de Metodología con Encarna. Como tantas otras veces la clase a derivado al tema de la reflexión del docente, pero esta vez el diálogo surgido ha sido mucho más estimulante que en ocasiones anteriores.

Como material para la reflexión sobre la reflexión, valga la redundancia, hemos utilizado un texto literario. Más allá del lo que el texto dijera o dejara de decir la cuestión es que hemos tenido una conversación interesantísima. Nosotros, los estudiantes, hemos reflexionado y compartido nuestros pensamientos sobre nuestros procesos de formación como profesores de lenguas; Encarna, por su parte, ha tenido la valentía de contarnos cuáles eran sus preocupaciones como tutora de nuestro curso y cómo veía ella su propia práctica docente.

Las reflexiones de mis compañeros estaban en sintonía con las mías. Hemos criticado nuestro máster -a veces de forma constructiva y a veces no tanto- mencionando personas y situaciones para apoyar nuestros argumentos. Hemos hablado de falta de coherencia entre discurso y práctica docente real por parte de algunos de nuestros profesores. También hemos tocado el tema de Bolonia y cómo nos está afectando (iba a decir influenciando pero afectar, con sus connotaciones negativas, se ajusta mejor) a nosotros. Hemos comentado nuestras emociones en lo referente al máster, etc.

Ha sido una auténtica catarsis, una fantástica terapia. Pero lo que hoy más me ha impactado ha sido conocer la reflexión que nuestra tutora hacía de su trabajo con nuestro grupo. Según nos ha contado, se sentía insegura en ciertos aspectos de su forma de gestionar la clase que nosotros considerábamos que estaba realizando con gran acierto. Hasta tal punto, que ella veía fallos en cosas que para mí eran sus grandes logros como profesora.

Precisamente, uno de los aspectos que pretendía que tocaramos al traer el texto arriba mencionado era la importancia de contrastar nuestras reflexiones. Quería que tomáramos conciencia de lo beneficioso que puede ser compartir nuestra reflexión con alguien para así tomar conciencia de cosas que no somos capaces de ver por nosotros mismos. Y, mira tú por donde, la reflexión que se ha generado en la clase ha sido de gran ayuda para ella puesto que le ha servido para ver que estaba haciendo un trabajo mucho mejor de lo que creía.

Nuestra percepción, por sí misma, siempre es parcial y relativa. Afortunadamente, tenemos la posibilidad de comunicarnos y, con la ayuda de otros, llegar a ver aquello que por nosotros mismos no alcanzamos a ver. Me viene ahora a la mente un texto de Nietzsche -no recuerdo la fuente, pero sé que se trataba de uno de sus textos menores, uno de esos recopilados en sus obras menos conocidas- en el que describía la objetividad como riqueza de perspectivas diferentes (objetividad igual a multiperspectividad).

¿Acaso nunca le has preguntado a alguien si tenías algo en el ojo, en la cara o en la espalda? ¿Nunca has buscado la ayuda de los demás para ver lo que no podías ver por ti mismo o por ti misma? ¿No crees que los demás pueden ser fantásticos espejos en los que vernos desde otro ángulo?

Otra vez más el discurso contingente del aula me ha dado un material interesantísimo para la reflexión.

3 pensamientos en “Una clase especial

  1. lola dice:

    Hola Iñaki:
    Vaya, me ha gustado mucho leer este post y te lo quería decir. Si la clase la tuvísteis ayer por la tarde, seguramente estaba justo al lado haciendo fotocopias. Pero hubiera preferido estar con vosotros porque, por una parte me identifico con todas esas quejas que supongo que ya sé cuáles son y por otro, porque me parece algo muy importante saber las impresiones de los demás y comprtir opiniones y dudas sobre lo que se está haciendo. El propio máster u otro ganaría muchísimo de compartir esas opiniones. Es un lástima que muchas veces se pierda eso o se quede en una teoría que luego, poco tiene que ver con la realidad.
    ¡Un saludo!,
    Lola

  2. Encarna dice:

    En las clases de seminario, el primer tema era la reflexión del docente. Recuerdo que Iñaki me preguntó si yo reflexionaba y cómo la hacía. Comenté que solía llevar conmigo una grabadora donde registraba las impresiones y reflexiones después de clase. Sin embargo, últimamente no la utilizaba.

    Ahora bien, muchas veces cuando reflexiono mentalmente o lo pongo por escrito, la reflexión no me ayuda; se queda ahí como un obstáculo que me impide moverme con fluidez en clase. Ha sido cuando he empezado una reflexión compartida cuando me he dado cuenta de que, en realidad, lo que yo creía que era reflexión no era tal; sino que era un pensamiento paralizante que, en forma de bucle, sólo daba vueltas a lo que no había funcionado en el aula, y en ese bucle me enredaba dando razones de por qué algo no había funcionado. En definitiva, cuando ‘reflexionaba’ aisladamente, confundía reflexión con castigo, con fustigamiento. Por mi modo de ser y supongo que por mi estilo cognitivo, la reflexión introspectiva no se daba en realidad, sino que lo que yo creía que era reflexión era pensamiento paralizante, casi patológico, del tipo que se describe en el libro de Susan Nolen –Hoeksema, Mujeres que piensan demasiado. La reflexión introspectiva es útil, cuando no se confunde reflexionar con fustigar. La interacción con otro me ha permitido darme cuenta de estos y otros matices. Me pareció que era pertinente comentarlo en el aula.

    Llevé a clase un texto literario que había llegado a mí a través de esa interacción reflexiva, vía correo electrónico, con una profesora argentina sobre la práctica docente. El contacto fue una buena amiga, generosa en sus hallazgos. Llevo a cabo este tipo de reflexión desde hace bien poquito, pero me está siendo mucho más útil y rica, desde luego, me está ampliando el horizonte de la mirada. Mi interlocutora vendría a ser como mi coaching, aunque en ningún momento hemos usado esta palabra, sino la de diálogo. Es una mirada que no juzga ni sentencia.

    El texto literario al que Iñaki hace alusión da mucho juego, y así fue en el seminario. Se habló de la reflexión, de sus paradojas, del para qué reflexionar, del cómo reflexionar, etc. Se habló también de las creencias que uno tiene sobre lo que hace y lo que en realidad se hace. Este punto de partida desvió a una valoración del curso, pues era ya casi la última sesión.

    Los estudiantes comentaron algunos aspectos que no acababan de ver claros. En este punto fue interesante el punto de vista de un estudiante brasileño: reflexionamos porque la sociedad en la que vivimos es autoexigente. Y no vemos el valor de la teoría si no es con distanciamiento. Se necesita tiempo y distancia para que la teoría pose y se cimiente. Sin embargo, hubo unanimidad en la relevancia de la teoría; porque la teoría nace de la reflexión bien entendida, de hacerse preguntas pertinentes sobre lo que se ve.

    Y la reflexión buscó potenciar lo positivo, no caer en la trampa, que, por cultura, solemos tender a hacer (como muy bien apuntó otro estudiante): se suele reflexionar cuando algo no va bien, para destacar lo negativo, para buscar lo negativo. No, cambiemos la mirada. Reflexionemos también sobre lo que fue bien. Se comentaron aspectos sobre los que los estudiantes habían reflexionado y en la co-construcción de sus puntos de vista, buscamos otra mirada más conciliadora, más rica, más nutricia.

    Se mencionó asimismo la cuadratura del círculo en que se mueve muchas veces el discurso de la educación, cómo el pasar de las leyes a la concreción del aula conlleva incongruencias. Es labor del docente reflexionar sobre ello, y salir del bucle de la incongruencia. Ahora bien, el discurso del profesor en el aula de ELE responde a unas necesidades, a una realidad comunicativa, muy distinta a mi modo de ver, del discurso del docente formador. La realidad es otra; el destinatario, también.

    Los estudiantes ayer me permitieron otra mirada de la realidad. La mirada de la interacción.

  3. maribelele dice:

    ¡Vaya! Qué interesante todo esto. ¡Qué envidia no haber podido estar en una clase de formación así! En cuanto a lo que comentas, Encarna, yo que ando en estas lides reflexivas de forma autodidacta quería comentar que, al principio, pensaba que en las clases hay cosas que se hacen mal y otras que se hacen bien y que existía un modelo de profesor ideal de profesor. Es decir, reflexionaba y pensaba sobre mi actuación o mis creencias pensando que había un modelo al que aspirar, no sé si me explico. Eso generaba muy frustración porque claro es muy difícil alcanzar algo que no existe. La cuestión es que hace un tiempo me di cuenta de que el tema no iba por ahí, no hay un modelo; si no que más bien cada uno de nosotros tenemos un camino y una vía para hacer las cosas. Esto hace que ya no vea las cosas que hago como bien o mal, no se trata de que esté bien o mal; sino de que sea más o menos útil, más o menos eficaz o efectivo, etc. Por eso, estoy de acuerdo contigo en que la reflexión no sirve si nuestra intención es sancionarnos o fustigarnos. Sin embargo, si nuestra intención es conocernos como profesores, ver si podemos hacer más eficacez o no nuestras clases, qué pasa en ellas, mejorar nuestra formación, etc., todo cambia, En fin, otra cosa que me parece importante sobre lo que comenta Iñaki es poder intercambiar opiniones y reflexiones con otros compañeros, que otros puedan conocer tus dudas para poder ayudarte con ellas. De todos modos, tengo la sensación de que los profesores muchas veces no estamos dispuestos a exponernos de este modo por eso me parece fascinante lo que hiciste, Encarna. Bueno, esto es lo poco que quería aportar🙂 .

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